Trabajamos junto a la comunidad para cuidar mejor del Entorno
Cuando un territorio es extenso, hay comunidades dentro de él y las amenazas pueden aparecer en distintos lugares al mismo tiempo, la conservación no puede depender únicamente de las instituciones privadas o gubernamentales. Las personas que viven en el lugar, lo recorren y lo conocen también pueden desempeñar un papel importante en su protección. Esa es una de las experiencias que hemos construido durante los últimos años en Xutilhá, en el sur de Petén.
En Grupo HAME participamos en un proyecto de conservación que se desarrolla en la Reserva Natural Xutilhá, en coordinación con Asociación Balam y Fundación Solidaridad. La iniciativa también articula esfuerzos con comunidades e instituciones vinculadas con la gestión del lugar.
El proyecto tiene una meta de largo plazo: contribuir a la protección y conservación de al menos 1,514.45 hectáreas durante 25 años. Sin embargo, uno de sus resultados más interesantes va más allá de la cantidad de bosque protegido: el fortalecimiento de las capacidades de las comunidades para participar activamente en el cuidado y manejo de los recursos naturales.
En 2022, tres comunidades (Nacimiento Cangrejal, Nacimiento Machaquilaito y Chile Verde) ya participaban en acciones de vigilancia y protección ambiental. Durante ese año realizaron 44 patrullajes comunitarios, equivalentes a aproximadamente 550 kilómetros recorridos.
Lo interesante es observar cómo esa participación fue creciendo.
Durante 2023 y 2024, 116 familias participaron en la gestión de 3,801 hectáreas distribuidas en cuatro unidades de manejo comunitario, es decir, áreas organizadas para que las propias comunidades participen de manera coordinada en su cuidado y administración.
Para 2025, el modelo había crecido a cinco unidades de manejo, con 4,450.68 hectáreas gestionadas por 140 familias. De esta superficie, 3,624.74 hectáreas correspondían a cobertura forestal. Frente al período anterior, esto representó aproximadamente un 17 % más de superficie gestionada y un 21 % más de familias participantes.
Pero los números cuentan solo una parte de la historia.
El cambio más importante está en la evolución de la participación comunitaria. Lo que comenzó con actividades de vigilancia fue avanzando hacia una forma más organizada de gestión del territorio, con capacidades y responsabilidades cada vez más estructuradas.
De esta manera, la protección de un territorio deja de depender exclusivamente de la vigilancia institucional. Se incorporan también el conocimiento local, la organización comunitaria y responsabilidades compartidas entre las comunidades, las instituciones públicas y otros actores que participan en su conservación.
Para Grupo HAME, formar parte de un proyecto de estas características también nos permite comprender que la sostenibilidad requiere colaboración y procesos de largo plazo. Fortalecer la conservación no significa únicamente realizar acciones puntuales, sino contribuir a que queden capacidades instaladas en el territorio.
La experiencia de Xutilhá muestra que las comunidades pueden pasar de acompañar acciones de conservación a convertirse progresivamente en actores activos en la gestión y protección de su entorno.
Quizá ese sea uno de los aprendizajes más valiosos del proceso: cuando quienes viven en el terreno cuentan con herramientas para observarlo, organizarse y participar en su manejo, la conservación adquiere una base más amplia para sostenerse en el tiempo.